martes (Tuesday)

Experimentar, disfrutar y expresar a Cristo 4
– Semana 47

El Dios-Cordero está en el trono
dentro de la ciudad

Versículos relacionados
Apocalipsis 22:3-5
3
Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y Sus esclavos le servirán,
4 y verán Su rostro, y Su nombre estará en sus frentes.
5 No habrá más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 7:17
17
porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a manantiales de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.

Salmos 46:4,
4
Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, / el lugar santo de los tabernáculos del Altísimo.
Salmos 36:8-9
8 Son saturados de la grosura de Tu casa, / y Tú los haces beber del río de Tus delicias.
9 Porque contigo está la fuente de la vida; / en Tu luz vemos la luz.

Ezequiel 47:1
1
Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí, fluía agua de debajo del umbral de la casa hacia el oriente (porque la casa miraba al oriente); y las aguas descendían por debajo del lado del sur de la casa, al sur del altar.

Juan 4:14
14
mas el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que Yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna.

Juan 7:37-38
37
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba.
38 El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Lectura relacionada
Debemos comprender que cada vez que el trono está ausente, no tenemos la fuente del fluir. Ésta es la razón por la cual muchas veces percibimos sequedad o incluso nos hemos secado. No tenemos el fluir del agua de vida debido a que no aceptamos ni reconocemos el señorío, la posición como Cabeza y la autoridad del Dios Triuno en el centro mismo de nuestro ser. Por esta razón, el trono es el último ítem revelado en cuanto a la Nueva Jerusalén. Sin el trono, la Nueva Jerusalén no tiene centro, y sin el trono no hay fluir de vida. Como resultado, toda la Nueva Jerusalén se secaría e incluso moriría de hambre. El agua de vida fluye desde el trono, y el árbol de la vida crece como vid en el agua de vida a los dos lados del río de agua de vida, produciendo frutos a tiempo para el alimento de los redimidos de Dios por la eternidad. Tanto el agua de vida como el árbol de la vida salen del trono. (La economía neotestamentaria de Dios, 2.ª ed., págs. 399-400)

Siempre que ustedes tomen al Dios Triuno como Cabeza, en ese momento algo comenzará a fluir en su ser. Tenemos que aplicar esto a nuestra vida diaria en cada instancia y en cada pequeñez. Incluso al hablarles a nuestros hijos y a nuestro cónyuge tenemos que practicar el someternos al trono interior. No miren a los cielos, sino al centro de todo su ser, donde debería haber un trono. El trono debería prevalecer en el centro de su ser. Entonces el agua de vida procederá del trono para abastecerlos y para traerles el árbol de la vida, el cual los nutrirá a lo largo de todo el día.

En el lugar donde el Dios Triuno fluye, le servimos (Ap. 22:3). No solamente le servimos, sino que también vemos Su rostro (v. 4) … Cuando uno bebe el agua de vida, ve Su rostro. Cuando uno come el fruto del árbol de la vida, recibe Su rostro. Ustedes le sirven comiendo y bebiendo de Él. No hagan nada por Él. El puede hacerlo todo, pero no puede beberse a Sí mismo ni puede comerse a Sí mismo. El depende de ustedes para que lo coman y lo beban. Repito, no piensen que ustedes pueden trabajar para Él. Él puede hacerlo todo por Sí mismo y no los necesita a ustedes. El sólo necesita que ustedes lo coman. El sólo necesita que ustedes lo beban. El sólo necesita que ustedes lo disfruten. No digan: “Iré al campo misionero para ser un misionero”. Dios puede hacerlo todo, pero necesita que alguien lo coma y lo beba. Él necesita a muchos que lo coman y lo beben.

Todos deberíamos decir: “Señor, te recibo como mi Cabeza… Te entronizo en mi corazón. Te pongo en Tu trono”. Una vez lo ponemos a Él en Su trono, inmediatamente el agua fluye y el árbol crece, y tenemos algo para beber y comer.

Es aquí, en el fluir que procede del trono, donde le servimos a Él y vemos Su rostro. Además, en este fluir reinamos como reyes (v. 5). Si ustedes van al campo misionero, deben hacerlo tomando el trono de Dios como centro de su ser. Entonces, desde el trono fluirá el agua y crecerá el árbol todos los días. Cuando ustedes beban el agua de vida y coman el árbol de la vida, le servirán a Él, verán Su rostro y serán reyes … El Señor Jesús nos dijo que toda autoridad le había sido dada a Él en el cielo y en la tierra, y que ahora necesitamos ir con Su autoridad para hacer discípulos a las naciones (Mt. 28:18-19). Necesitamos ir con la autoridad del Rey celestial, quien ahora está entronizado en nuestro ser. Todos tenemos que comprender que en esto radica el poder y el impacto de la predicación del evangelio: tenemos a Aquel que es el Señor de todos, la Cabeza de todo el universo, entronizado en el centro de nuestro ser. Cuando Él está entronizado en nuestro ser, el agua fluye y el árbol crece, y nuestro servicio será un disfrute. Cuando lo disfrutan a Él, ustedes le sirven, lo ven y reinan con Él para ser reyes juntamente con Él. (La economía neotestamentaria de Dios, 2.ª ed., págs.. 400-403)

Lectura adicional: La economía neotestamentaria de Dios, cap. 38

(c) Living Stream Ministry, 2021, used by permission