LA GRAN NECESIDAD
DE QUE HAYA UN
NUEVO AVIVAMIENTO– Semana 4
Llevar la vida de un Dios-hombre
al vivir en el reino de Dios
como esfera de la especie divina
Versículos relacionados
Juan 1:12-14
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio autoridad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
14 Y la Palabra se hizo carne, y fijó tabernáculo entre nosotros (y contemplamos Su gloria, gloria como del Unigénito del Padre), llena de gracia y de realidad.
Romanos 8:3, 6, 19
3 Porque lo que la ley no pudo hacer, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y en cuanto al pecado, condenó al pecado en la carne;
6 Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espíritu es vida y paz.
19 Porque la creación observa ansiosamente, aguardando con anhelo la revelación de los hijos de Dios.
2 Pedro 1:4
4 por medio de las cuales Él nos ha concedido preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.
Génesis 1:26
26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos, sobre el ganado, sobre toda la tierra y sobre todo lo que se arrastra sobre la tierra.
2 Corintios 3:18
18 Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu.
Romanos 12:2
2 No os amoldéis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable y lo perfecto.
Lectura relacionada
La revelación del reino de Dios en Juan está basada en dos versículos de Juan 3 … El versículo 3 habla respecto a ver el reino, y el versículo 5 habla respecto a entrar en el reino. Para ver el reino necesitamos nacer de nuevo. Para entrar en el reino necesitamos nacer de agua y del Espíritu. El agua representa la muerte de Cristo, en la cual todos fuimos bautizados, y el Espíritu representa la resurrección. (Estudio de cristalización del Evangelio de Juan, 2.a ed., pág. 126)
El caso en Juan 3 trata sobre la vida en la regeneración. Habla respecto a Nicodemo, un verdadero buscador que vino al Señor de noche (v. 2). Él vino con mucho conocimiento y muchos conceptos porque era un maestro entre los judíos; consideraba que Cristo era un maestro que había venido de Dios. Tal vez pensaba que necesitaba mejores enseñanzas para mejorarse, pero la respuesta del Señor le develó que necesitaba nacer de nuevo.
Si no nacemos de nuevo, no tenemos la capacidad de ver el reino de Dios. Nacer de nuevo consiste en nacer de agua, que representa la muerte de Cristo, y nacer del Espíritu, que representa la resurrección de Cristo. Necesitamos morir con Cristo y ser resucitados para ser una nueva persona que pertenece a otra especie, una especie nueva.
El reino de Dios es el reinado de Dios … Este reinado divino es una esfera —no sólo del dominio divino, sino también de la especie divina— en la cual están todas las cosas divinas. El reino vegetal es una esfera de la especie vegetal, y el reino animal es una esfera de la especie animal. Del mismo modo, el reino de Dios es una esfera de la especie divina.
Dios llegó a ser carne para entrar en la especie humana, y el hombre llega a ser Dios en Su vida y naturaleza, mas no en Su Deidad divina, para entrar en la especie divina. En Juan 3 el reino de Dios se refiere más a la especie de Dios que al reinado de Dios.
A fin de entrar en la esfera divina, la esfera de la especie divina, necesitamos nacer de Dios para obtener la naturaleza y vida divinas.
El hecho de que el hombre fue creado a imagen de Dios y conforme a Su semejanza indica que el hombre fue creado en la especie divina, la especie de Dios. Génesis 1 dice que cada ser viviente fue creado según su especie. Pero Dios no creó al hombre según la especie del hombre, sino a imagen de Dios y conforme a Su semejanza para que éste sea la especie de Dios.
Los creyentes —quienes nacen de Dios por la regeneración para ser Sus hijos en Su vida y naturaleza, mas no en Su Deidad (Jn. 1:12-13)— pertenecen más a la especie de Dios que lo que Adán pertenecía. Adán sólo tenía la apariencia externa de Dios, pero no tenía la realidad interna, la vida divina. Nosotros tenemos la realidad de la vida divina en nosotros, y estamos siendo transformados y conformados a la imagen del Señor en todo nuestro ser. Es lógico decir que todos los hijos de Dios están en la esfera divina de la especie divina.
Por tanto, en la regeneración Dios engendra dioses. El hombre engendra hombres. Las cabras engendran cabras. Si las cabras no engendran cabras, ¿qué engendran? Si Dios no engendra dioses, ¿qué engendra? Si los hijos de Dios no están en la especie divina, la especie de Dios, ¿a qué especie pertenecen? Si no son dioses, ¿qué son? Los que hemos nacido de Dios somos dioses. Pero para expresarlo en palabras, por causa del malentendido teológico, es mejor decir que somos Dios-hombres en la especie divina, es decir, en el reino de Dios.
Estos Dios-hombres, quienes son hijos nacidos de Dios, no sólo constituyen la casa de Dios (1 Ti. 3:15; 1 P. 4:17; Jn. 14:2), sino que también son los constituyentes con los cuales el Cuerpo de Cristo es edificado, y el Cuerpo de Cristo llevará la Nueva Jerusalén a su consumación como reino eterno de Dios y de Cristo (1 Co. 6:9; Ef. 5:5; 2 P. 1:11; Ap. 11:15). (Estudio de cristalización del Evangelio de Juan, 2.a ed., págs. 126-128)
Lectura adicional: Estudio de cristalización del Evangelio de Juan, cap. 12