miércoles (Wednesday)

EXPERIMENTAR, DISFRUTAR
Y EXPRESAR A CRISTO (3) – Semana 7

El Autor (el Capitán) de la salvación
y el Precursor
que lleva muchos hijos a la gloria
al entrar dentro del velo
y salir fuera del campamento

Versículos relacionados
Hebreos 13:12
12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante Su propia sangre, padeció fuera de la puerta.

1 Tesalonicenses 5:23
23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo sean guardados perfectos e irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:10
10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos en Su vida.

Romanos 15:16
16 para ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, un sacerdote que labora, sacerdote del evangelio de Dios, para que los gentiles sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo.

Efesios 5:26
26 para santificarla, purificándola por el lavamiento del agua en la palabra,

Lucas 15:8-10, 17-21
8 ¿O qué mujer que tiene diez monedas de plata, si pierde una moneda, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca cuidadosamente hasta encontrarla?
9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la moneda de plata que había perdido.
10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti.
19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a compasión, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó afectuosamente.
21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

Lectura relacionada
La economía de Dios es la intención del deseo de Su corazón, y Dios hizo de esta intención un propósito … [La santificación] es el hilo que sostiene la realización de la economía divina … Podemos afirmar que la santificación es el hilo que sirve para sostener porque cada etapa de la economía de Dios en términos de Su obra con nosotros consiste en hacernos santos.

Actualmente todos hemos sido atrapados en el “anzuelo” propio del hilo [“de pescar”] de la santificación divina. Estábamos en el “océano” de la humanidad, pero este hilo llegó a nosotros, y quedamos atrapados en el anzuelo. El haber sido atrapados tendrá su consumación cuando seamos transfigurados. Entonces el hilo será completado … Alguien vino y nos dijo algo acerca de Cristo. En las palabras de esa persona estaba escondido un “anzuelo”, y nosotros lo mordimos. Fuimos redargüidos, y nos arrepentimos y creímos. Luego, fuimos regenerados para seguir siendo llevados por el hilo que sostiene, el hilo de la santificación divina. (El Espíritu con nuestro espíritu, 2.ᵃ ed., págs. 127, 130)

En la eternidad pasada Dios concibió una economía, y en dicha economía Él decidió tener muchos hijos. Después que Dios creó al hombre, este hombre cayó; luego, Dios el Espíritu vino para santificarlo (1 P. 1:2). Nosotros estábamos perdidos en Adán, en pecado y en muerte. Estábamos en una montaña de escombros, llenos de pecado y de muerte. Pero el Espíritu vino a buscarnos y nos encontró. Luego, Él nos redarguyó y despertó nuestro espíritu para que nos arrepintiéramos. Ésta fue nuestra santificación inicial para arrepentimiento (Lc. 15:8-10). Esta santificación que busca dio por resultado nuestro arrepentimiento para llevarnos de regreso a Dios (vs. 17-21).

La santificación que redime, esto es, la santificación en cuanto a posición, es efectuada mediante la sangre de Cristo (He. 13:12) a fin de trasladarnos de Adán a Cristo. Esto cambió el lugar donde estábamos.

Nuestra regeneración es una especie de santificación. La regeneración es el comienzo de la santificación en cuanto a nuestra manera de ser para que seamos renovados desde nuestro espíritu (2 Co. 5:17) … Esto hace de nosotros, los pecadores que éramos enemigos de Dios, hijos de Dios (Jn. 1:12-13).

La santificación que renueva continúa la santificación en cuanto a nuestra manera de ser al renovar nuestra alma a partir de nuestra mente hasta abarcar todas las partes de nuestra alma (Ro. 12:2b; Ef. 4:23) … Nuestra alma se compone de tres partes: la mente, la parte emotiva y la voluntad.

La santificación que transforma es la santificación diaria, la cual nos reconstituye metabólicamente con el elemento de Cristo para hacer de nosotros una nueva constitución que forma parte del Cuerpo orgánico de Cristo (1 Co. 3:12) … A fin de ser los miembros vivos de Cristo necesitamos ser constituidos del elemento de Cristo, el cual hará de nosotros una nueva constitución con miras a la edificación del Cuerpo de Cristo.

La santificación que conforma es la santificación que moldea con el fin de moldearnos a la imagen del Cristo glorioso (2 Co. 3:18). En el interior de un árbol frutal opera el principio moldeador de la vida … Cuando el Espíritu santificador nos santifica, hay un elemento que nos moldea a la imagen del Cristo glorioso. Dicho moldear nos hace la expresión de Cristo.

La santificación que glorifica es la santificación que nos lleva a la consumación, la compleción de la santificación cuyo fin es redimir nuestro cuerpo al transfigurarlo (Fil. 3:21). Nuestro cuerpo vil y caído será redimido de la enfermedad, la debilidad, la muerte y las concupiscencias y pecaminosidad para que seamos hechos la expresión de Cristo plenamente y en gloria (Ro. 8:23). Al llegar a este punto la salvación y la santificación efectuadas por Dios con el fin de realizar Su economía habrán alcanzado el nivel más elevado.

La santificación divina, desde su inicio hasta su culminación, es totalmente la obra minuciosa que realiza el Espíritu de Cristo consumado, compuesto, vivificante y que mora en nosotros, el cual es la corporificación del Dios Triuno. (El Espíritu con nuestro espíritu, 2.a ed.,págs..131-133)

Lectura adicional: El Espiritu con nuestro espíritu, caps.11—12

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