martes (Tuesday)

EXPERIMENTAR, DISFRUTAR
Y EXPRESAR A CRISTO (3) – Semana 12

El Verdadero

Versículos relacionados
1 Juan 3:1
1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios, y lo somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.

1 Juan 4:13-14
13 En esto conocemos que permanecemos en Él, y Él en nosotros, en que nos ha dado de Su Espíritu.
14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, como Salvador del mundo.

1 Juan 2:1, 3-10 (3-5,8)
1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno peca, tenemos ante el Padre un Abogado, a Jesucristo el Justo.
3 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos Sus mandamientos.
4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda Sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;
5 pero el que guarda Su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; en esto sabemos que estamos en Él.
6 El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.
7 Amados, no os escribo mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el cual habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído.
8 Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, lo cual es verdadero en Él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.
9 El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.
10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay causa de tropiezo.

Lectura relacionada
En 1 Juan 3:1 Juan se refiere al nacimiento divino y al Padre que engendra … Él es la fuente de la vida divina, Aquel de quien hemos nacido con esta vida. El amor de Dios fue manifestado en el hecho de que Él enviara a Su Hijo a morir por nosotros (4:9; Jn. 3:16) para que recibiéramos Su vida y así llegásemos a ser Sus hijos (1:12-13). Dios envió a Su Hijo con el fin de engendrarnos.

Nosotros fuimos engendrados por el Padre, la fuente de vida, para llegar a ser hijos de Dios [cfr. 1 Jn. 2:29]: Dios es el Dueño de los hijos. Nosotros participamos de la vida del Padre para expresar al Dios Triuno. (Estudio-vida de 1 Juan, págs. 240-241)

En 1 Juan 3:1 Juan se refiere al nacimiento divino y al Padre que engendra … Él es la fuente de la vida divina, Aquel de quien hemos nacido con esta vida. El amor de Dios fue manifestado en el hecho de que Él enviara a Su Hijo a morir por nosotros (4:9; Jn. 3:16) para que recibiéramos Su vida y así llegásemos a ser Sus hijos (1:12-13). Dios envió a Su Hijo con el fin de engendrarnos.

Nosotros fuimos engendrados por el Padre, la fuente de vida, para llegar a ser hijos de Dios [cfr. 1 Jn. 2:29]: Dios es el Dueño de los hijos. Nosotros participamos de la vida del Padre para expresar al Dios Triuno. (Estudio-vida de 1 Juan, págs. 240-241)

[En 1 Juan 4:13] las palabras en esto significan que en el hecho de que Dios nos ha dado de Su Espíritu, conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros. El Espiritu, a quien Dios nos ha dado para que more en nosotros (Jac. 4:5; Ro. 8:9, 11), es el testigo en nuestro espíritu (v. 16), con lo cual da testimonio de que moramos en Dios y Dios en nosotros. El Espíritu que permanece en nosotros, es decir, el Espíritu que mora en nosotros, es el elemento y la esfera en que nosotros permanecemos y moramos en Dios, y Él permanece y mora en nosotros mutuamente. Por Él tenemos la certeza de que nosotros y Dios somos uno, de que permanecemos el uno en el otro, de que moramos el uno en el otro mutuamente. La evidencia de esto se ve en nuestro vivir, un vivir que habitualmente expresa Su amor.

En 1 Juan 4:13 se nos da a entender que podemos saber que permanecemos en Dios.

Permanecer en Dios es morar en Él, o sea, permanecer en nuestra comunión con Él, para experimentar y disfrutar el hecho de que Él permanezca en nosotros. Esto equivale a practicar nuestra unidad con Dios conforme a la unción divina (2:27) al llevar una vida que practica Su justicia y Su amor. Todo esto es llevado a cabo por la operación del Espiritu compuesto y todo-inclusivo, quien mora en nuestro espíritu y constituye el elemento básico de la unción divina.

En 4:13 Juan también dice que Dios “nos ha dado de Su Espíritu”. La palabra griega traducida “de” significa “a partir de”. Dios nos ha dado a partir de Su Espíritu. Esto es muy parecido y casi repite lo dicho en 3:24, lo cual comprueba que esto no significa que Dios nos haya dado algo de Su Espíritu, como por ejemplo los diversos dones mencionados en 1 Corintios 12:4, sino que Él nos ha dado el Espíritu mismo como el don todo-inclusivo (Hch. 2:38). Por consiguiente, a partir de Su Espiritu es una expresión que implica que el Espíritu de Dios, el cual Dios nos ha dado, es abundante e inmensurable (Fil. 1:19; Jn. 3:34). Mediante este Espíritu abundante e inmensurable, sabemos con plena certeza que nosotros y Dios somos uno, y que permanecemos en Él y Él permanece en nosotros.

Dios permanece en nosotros, y … nosotros permanecemos en Él. Esto tiene que ver con la coinherencia, es decir, con la mezcla, con una unión orgánica. Dios no sólo está en nosotros, sino que permanece en nosotros, mora en nosotros. Mediante esta mezcla, esta unión orgánica, Él llega a ser nosotros, y nosotros llegamos a ser Él. Por tanto, puesto que Dios es amor, este amor llega a ser nuestro elemento constitutivo. Ya que nosotros llegamos a ser lo que Él es, nuestro amor por otros en realidad será Dios mismo. Amamos a otros con Dios como amor. Puesto que Dios permanece en nosotros y nosotros permanecemos en Él, amamos con Dios mismo como amor.

El hecho de que el Padre enviara al Hijo para que fuese nuestro Salvador [1 Jn. 4:14] es un acto externo, de modo que al nosotros confesar al Hijo, El pueda permanecer en nosotros y nosotros en Él (v. 15). Los apóstoles contemplaron esto y dieron testimonio de ello. Éste es el testimonio externo. Además de esto, el acto interno que Dios realiza para con nosotros es enviar Su Espíritu para que more en nosotros como la prueba interna de que nosotros permanecemos en Él y Él en nosotros (v. 13).

En los versículos 9, 10 y 14 el apóstol Juan dice tres veces que Dios envió a Su Hijo. Dios envió al Hijo para que viviéramos por medio de Él; Él envió al Hijo en propiciación por nuestros pecados; y El envió al Hijo como Salvador del mundo. (Estudio-vida de 1 Juan, pags. 323-325)

Lectura adicional: Estudio-vida de 1 Juan, mensajes 26, 34

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