EXPERIMENTAR, DISFRUTAR
Y EXPRESAR A CRISTO (3) – Semana 9
La visión, experiencia,
disfrute y expresión
de la preciosidad suprema de Cristo
con miras a la vida de iglesia genuina
Versículos relacionados
Isaías 6:1-8 (1-5)
1 El año en que murió el rey Uzías, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la cola de Su manto llenaba el templo.
2 Por encima de Él había serafines, cada uno con seis alas: Con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
3 Y el uno al otro daba voces, diciendo:Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; / toda la tierra está llena de Su gloria.
4 Y los cimientos del umbral se estremecieron ante la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
5 Entonces dije:¡Ay de mí, porque soy muerto! / Pues soy hombre de labios inmundos, / y habito en medio de un pueblo de labios inmundos; / mas han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
6 Después voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en su mano, que había tomado del altar con unas tenazas.
7 Y con él tocó mi boca, y dijo:He aquí que esto ha tocado tus labios, / y es quitada tu iniquidad, y limpio tu pecado.
8 Luego oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por Nosotros? Y yo respondí: Heme aquí; envíame a mí.
Hechos 2:36
36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
Hebreos 2:9
9 Pero vemos a Jesús, coronado de gloria y de honra, quien fue hecho un poco inferior a los ángeles para padecer la muerte, a fin de que por la gracia de Dios gustase la muerte por todas las cosas.
Lectura relacionada
En Isaías 6:4 vemos que los cimientos del umbral se estremecieron ante la voz del que clamaba. Tal estremecimiento representa solemnidad. En este versículo también vemos que la casa se llenó de humo. Esto representa la gloria que arde en asombro.
Isaías respondió a la visión del Cristo en gloria diciendo: “¡Ay de mí, porque soy muerto!” (v. 5a). Como resultado de contemplar esta visión, Isaías fue aniquilado, llegó a su fin.
Debemos estar atentos a nuestros labios, a lo que decimos [cfr. v. 5b]. Todos los días hablamos en exceso. Un gran porcentaje de las palabras que pronunciamos son malignas, debido a que la mayoría de nuestras palabras son palabras de crítica. Casi todo cuanto decimos sobre cualquier asunto o persona constituye una crítica. Ésta es la razón por la cual nuestros labios son inmundos … Si eliminásemos los chismes, las murmuraciones y los razonamientos, tal vez descubriríamos que tenemos muy pocas cosas que decir. Al igual que Isaías, debemos darnos cuenta de que nuestros labios son inmundos.
Todo aquel que verdaderamente ve una visión del Señor es iluminado. La visión que él ve inmediatamente lo pone al descubierto y lo trae a la luz. Cuando Pedro vio al Señor en Lucas 5, inmediatamente le dijo al Señor: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (v. 8). (Estudio-vida de Isaías, págs. 41-42)
Isaías 6:6-7 … nos habla sobre la limpieza de Isaías … Después que Isaías se dio cuenta de que era inmundo, fue limpiado por uno de los serafines, que representan la santidad de Dios (v. 6a) … Isaías fue limpiado con un carbón encendido tomado del altar (vs. 6b-7a). Este carbón encendido representa la eficacia de la obra redentora de Cristo lograda en la cruz … Esta limpieza efectuada por el serafín con un carbón encendido tomado del altar quitó la iniquidad de Isaías y limpió su pecado (v. 7b).
Antes de su experiencia relatada en el capítulo 6 …, Isaías había sido lavado, pero él se dio cuenta de que todavía era inmundo. Esto indica que todos nosotros tenemos que darnos cuenta de que somos totalmente inmundos. No importa cuántas veces hayamos sido lavados, seguimos siendo inmundos. Todos tenemos que llegar a conocernos a nosotros mismos a este grado.
En nuestra experiencia, que estemos limpios o inmundos depende del sentir de nuestra conciencia; y el sentir de nuestra conciencia depende de que veamos al Señor. Cuánto veamos al Señor determinará cuánto seremos lavados. Cuanto más vemos al Señor y somos puestos al descubierto, más somos lavados. Cuando tenemos la conciencia limpia y libre de ofensa, podemos tener contacto con Dios. Según nuestra conciencia iluminada, estamos limpios, pero según los hechos concretos que corresponden a nuestra situación en la vieja creación, no estamos limpios … Siempre y cuando permanezcamos en la vieja creación, jamás podremos estar completamente limpios, pues la vieja creación es inmunda. Necesitamos la redención de nuestro cuerpo. Después que nuestro cuerpo sea redimido, saldremos de la vieja creación. Entonces seremos completamente limpios. (Estudio-vida de Isaías, págs. 43-44)
Ver a Dios equivale a ganar a Dios (Mt. 5:8). Ganar a Dios es recibir a Dios en Su elemento, Su vida y Su naturaleza. Finalmente, esto no solamente hará que seamos uno con Dios, … [sino que también] Él llegue a ser nuestro elemento constitutivo, mas no somos partícipes de la Deidad.
Todo el pueblo redimido, regenerado, santificado, transformado, conformado y glorificado de Dios verá el rostro de Dios (Ap. 22:4). Ver a Dios nos transforma (2 Co. 3:18), porque al verle recibimos Su elemento en nuestro ser. Al recibir a Dios, un nuevo elemento es añadido a nosotros, y el elemento viejo es desechado. Este proceso metabólico es la transformación. Ver a Dios es ser transformado a la gloriosa imagen de Dios. Esto hace que formemos parte de Dios a fin de que expresemos a Dios en Su vida y lo representemos en Su autoridad.
Job no solamente dijo que vio a Dios, sino que también se aborreció a sí mismo. Conforme a nuestra experiencia, cuanto más vemos a Dios y lo amamos, más nos aborrecemos a nosotros mismos. Cuanto más conocemos a Dios, más nos negamos a nosotros mismos. (Estudio-vida de Job, págs. 157-158)
Lectura adicional: Estudio-vida de Job, mensaje 30