The Church in New York City

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No estamos separados del Amor de Dios
Las Torres Gemelas
Tragedia y Consuelo: La Torre Derrumbada y el estanque que Sana
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En el edificio ubicado en el bajo Manhattan, donde está mi oficina, desde una de las salas de conferencias que hace esquina, antes se podía apreciar una vista despejada de las Torres Gemelas. En la ma–ana del 11 de septiembre del 2001, después que los aviones chocaron con el World Trade Center, desde esa sala de conferencias, fuimos testigos de aquellas torres en llamas que aun permanecían erguidas; pero el daño del impacto causado por las aeronaves fue evidente. Entonces, en menos de un par de horas, estos edificios que antes parecían delinearse permanentemente en el cielo de Manhattan, ya no se veían más.


Para aquellos de mi generación que hemos sido criados en Nueva York, siempre habíamos dado por sentado la existencia del World Trade Center. Era uno de esos lugares donde podíamos llevar a los amigos visitantes que venían de otras ciudades, no solamente a observar el panorama desde la plataforma de observación, sino que en el primer piso de una de las torres se podían comprar con descuento, boletos para los los teatros de espectáculos del área de Broadway. Además, durante la hora de almuerzo a menudo podíamos ver espectáculos en la plaza ubicada en medio de los edificios. Había, además, un centro comercial en el sótano, y nuestros amigos de Nueva Jersey se reunían con nosotros en Manhattan tomando el tren PATH hasta la parada en el World Trade Center.

Y en las primeras horas de esa mañana todo se terminó. Desde la ventana de esa sala de conferencias fuimos testigos de lo inconcebible que vino a ser una ineludible realidad.

Aunque estábamos aturdidos después de ver por la televisión el programa continuo de los sucesos acaecidos durante la mañana, todos estábamos aun conmovidos. Más tarde ese mismo día, al ingresar nosotros a las filas de tantos miles de personas, forzadas a caminar hacia el alto Manhattan para regresar a sus casas, atravesando el humo y el hollín, aun fresco, empezamos a caer en cuenta de la magnitud de lo acontecido.

En los días después que transcurrieron estos hechos, fue una reacción normal para muchos de poner en duda aquellas cosas que antes se daban por sentado. En un mundo en el cual parece que no existe nada en lo que uno pueda confiar o creer, es fácil desesperarse. Después de todo lo sucedido, ¿de qué podemos nosotros seguir dependiendo y en que podemos confiar? Afrontando la realidad de todo lo ocurrido, nuestras flaquezas y temores han sido expuestos. Muchos de los que murieron fueron de aquellos que dedicaron sus vidas a adquirir una buena educación, buscar con afán una carrera profesional, e incluso cultivar una familia. Mas ninguno de sus logros pudieron salvarles.

¿Es que no existe algo en lo cuál podamos confiar?

La Biblia en Romanos 8:35 nos hace una pregunta: " ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?" La contestación a estas preguntas se halla en Romanos 8:38-39: "Por lo cual estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni potestades, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro".

¿Quieres conocer a la Persona en la cual puedes depender, Su amor en el cual puedes confiar no importa qué? Dios quiere que tś le conozcas a El.

Solo ora la oración siguiente:

"Dios, reconozco que
no puedo depender de lo material
de este mundo.
Acepto tu amor,
el cual está
en la persona de Cristo Jesús.
Ahora te recibo como Señor en mi corazón,
y en mi vida".

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