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| ra millones de personas nacidas en Estados Unidos como para aquellas que han | |
| inmigrado del exterior, esta nación ha
sido por mucho tiempo la tierra de la oportunidad y la estabilidad. Los terroristas que atacaron a Estados Unidos el
11 de septiembre del 2001 dirigieron su ataque contra los símbolos que representan la potencia del pueblo
norteamericano. Ellos derribaron las torres del World Trade Center en Nueva York, el foco del comercio y finanzas de
la nación, destruyeron también parte del Pentágono, cuartel general del ejército americano, el más poderoso del
mundo. Pese a que hemos comenzado a recuperarnos de tan terribles eventos, muchos se han dado cuenta que sus vidas nunca llegaran a ser las mismas. Es nuestra esperanza, y creemos, que esta nación no se ha de paralizar por este acto de terror, con todo, estos hechos han desafiado y cambiado nuestro sentido de seguridad y estabilidad que muchos de nosotros anteriormente dábamos por sentado. Con esta tragedia como trasfondo, ante las perspectiva y la realidad de una guerra, enfrentando el resultante desequilibrio del mercado económico, muchos han encontrado consuelo en la palabra de Dios. En medio de estos tiempos de gran incertidumbre, los cuales muchos de nosotros nunca habíamos enfrentado, la salvación, que el Señor Jesús ofrece en la Biblia, permanece aun más firme, constante e inalterable. En estos momentos de dificultades, Dios nos llama a cada uno de nosotros a volvernos a El. Hemos visto que la tragedia nos puede alcanzar en cualquier hora; en cualquier momento; los bienes en la tierra en los cuales hemos puesto nuestra fe pueden desaparecer. La Biblia nos recuerda: "No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corroen, y donde ladrones horadan y hurtan; sino acumulad para vosotros tesoros en los cielos, donde ni la polilla ni el orín corroen, donde los ladrones no horadan ni hurtan. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" (Mateo 6:19-21). En estos versículos, el Señor Jesús nos dirige a poner nuestra confianza en El mismo y no en los tesoros de la tierra; en el tesoro celestial que El ha ofrecido al género humano. En el evangelio de Juan, el Señor Jesús dijo: "El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (Juan 10:10). El Señor Jesús vino a presentarse a nosotros con el regalo de vida, y no solo vida, sino vida abundante. Su vida es la vida eterna, la única seguridad confiable que nosotros podemos tener. La Biblia nos dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no perezca, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). El Señor Jesús es el Hijo de Dios, El vino a la tierra como hombre, resistió y venció la tentación, llevo una vida perfecta, fue examinado por los hombres y por Dios y murió en la cruz para llevar a cabo la redención y así ser nuestro Salvador. Su vida que vence nos permite pasar por estos momentos. Cuando recibimos al Señor Jesús, recibimos Su vida eterna, y al mismo tiempo la seguridad eterna que la acompaña. La manera de recibirle está revelada en la Biblia: "que si confiesas con tu boca a Jesús como Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo" (Romanos 10:9). Por favor, haga la siguiente oraciøn para recibir al Señor Jesœs como su Salvador:
"Señor Jesús, | ||
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