The Church in New York City







Las torres gemelas ciertamente eran edificios bien estables y sólidos. Es más, una de ellaspudo soportar la explosión de una bomba en un atentado terrorista en 1993. En aquella ocasión muchos consideraron a las torres gemelas como unos edificios imposibles de derrumbar. Pero, el martes 11 de septiembre el mundo entero lamentó la muerte de mas de seis mil personas. Las torres gemelas no habían podido vencer al atentado terrorista más grande en la historia de los Estados Unidos. Aquella mañana pude contemplar esta tragedia desde mi lugar de trabajo a seis cuadras de distancia de las torres del World Trade Center. Estaba en el balcón del piso diecinueve junto a mis compa–eros de trabajo. Ver a la gente tomar la trágica decisión de saltar al vacío despedazaba mi corazón. Ver a un hombre agitar un pañuelo blanco unos pisos por encima de las llamas me dejaba sin aliento. Observar a uno de los edificios desplomarse completamente al suelo levantando una imensa columna de humo ciertamente me espantó. El Señor Jesús les hablaba en una ocasión a los judíos acerca de la caída de una torre que también causó muerte (Lucas 13:4). Esto ocurrió en un lugar llamado Siloé. Sólo hay otro pasaje en el Nuevo Testamento en que se menciona a Siloé. En aquella porción de la Biblia encontramos el relato de un hombre ciego de nacimiento a quien Jesús sanó enviándole a lavarse en el estanque de Siloé (Juan 9:7). Por lo tanto, vemos que Siloé es tanto un lugar de tragedia como de sanidad. En medio de la tragedia que estamos viviendo ahora, la obediencia a la Biblia trae la verdadera sanidad. La palabra de Dios nos dice que el Señor Jesús murió en la cruz por nuestros pecados y que creyendo en El podemos ser sanados de nuestros pecados y dolor: "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre El y por su llaga fuimos nosotros curados" (Isaías 53:5).

Ciertamente, aunque muchos de los que murieron en las torres gemelas habrán amado mucho al Señor, y otros quizás no quisieron escuchar de El, la muerte los alcanzó a todos. Por la misericordia del Señor nosotros aun estamos con vida. Tenemos la oportunidad de recibir la vida eterna. Sabemos de la fecha de nuestro nacimiento pero no sabemos cuando partiremos de este mundo. La Biblia nos dice: "En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable, he aquí ahora el día de salvación" (2 Corintios 6:2). No esperemos más. La oportunidad de recibir al Señor existe mientras estamos vivos. Hoy muchos lloran la muerte de miles de personas procedentes de ochenta países; pero en medio de esta tragedia, el Señor Jesús nos dice: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10). Al clamar "Señor Jesús" desde lo más profundo de nuestro ser Él entrará en nosotros. "Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo" (Romanos 10:13). La Biblia dice en 1 Timoteo 2:4 que Él "quiere que todos los hombres sean salvos". El Señor Jesús está listo y esperando que habra su corazón y le llame. El ha hecho que el acercamiento hacia El sea bien fácil. Tan sólo haga esta oración:


Señor Jesús,
reconozco que Tú eres mi Salvador.
Abro mi corazón para que
me des vida eterna.
Señor, tu sangre que derramaste en la cruz,
fue derramada por mí también.
Te amo Señor Jesús. Amén.


Si oramos así ya no estaremos sólo. El Señor estará con nosotros todos los días de nuestra vida.

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